Cuando las olas atacan

La costa del noreste de la Isla Grande de Tierra del Fuego se distingue por sus acantilados de gran altura, en ocasiones mayores a 50 metros. La mayoría de ellos se encuentran activos. Esto quiere decir que con el paso del tiempo se observa un retroceso en la posición de estos imponentes paredones. La forma de escalón surge por un descenso del nivel del mar, desde una mayor altura de las aguas en el pasado geológico a su nivel actual. En el presente los acantilados se enfrentan a la acción erosiva de mareas y olas, éstas últimas especialmente feroces durante las tormentas con fuertes vientos típicas de este sector fueguino. El desgaste que se produce sobre rocas y sedimentos genera cuevas y grietas que al crecer desestabilizan la pendiente y provocan su colapso, desprendiéndose bloques de variado tamaño o mediante grandes deslizamientos. El retroceso de estos paredones puede llegar a afectar las actividades humanas. En las fotografías se puede ver como la erosión rompió un cerco dentro de una estancia cercana a San Sebastián. En otros sectores de la costa argentina la erosión se ha llevado hacia el mar construcciones e instalaciones subterráneas como cables y cañerías. Así son los acantilados activos, atractivos geológicos para admirar, investigar y respetar.

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