A 40 años de la excavación de lancha packewaia:

Los primeros pasos del proyecto arqueológico canal beagle

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A mediados de 1974, Jorge Merenzon, empresario metalúrgico porteño, estudiante de arqueología y mecenas de diversos proyectos a través de la Fundación Antropológica Argentina, tomó contacto con el entonces Gobernador del Territorio de Tierra del Fuego, Sr. Mariano Loedel, a fin de sondear su interés en la potencial organización de una campaña arqueológica. Por estos momentos en Ushuaia no existían instituciones museológicas ni científicas, aunque la abundancia de notorios concheros arqueológicos (denominados “comederos” por los vecinos de la ciudad) había generado un singular movimiento de pobladores que hacían de la búsqueda de piezas arqueológicas un hobbie de fin de semana. Uno de los más activos era el Prefecto Mayor Carlos Linares, quien había llegado a reunir una importantísima colección de objetos provenientes de yacimientos de la zona, incluso había confeccionado un completo mapa arqueológico de Ushuaia y alrededores en donde se consignaban la presencia y tamaño relativo de numerosos sitios. Otro de estos actores, y sin lugar a dudas uno de los más destacados, fue Oscar Zanola quien luego se convertiría en el Director del Museo Territorial (actualmente Museo del Fin del Mundo, inaugurado en mayo de 1979). Por esos tiempos Zanola, realizaba salidas en búsqueda de antigüedades arqueológicas, algunas de ellas liderando grupos de jóvenes y niños. También formó parte del grupo fundacional de la primigenia Asociación HANIS que tuvo un rol fundamental en la creación del Museo, entre quienes se destacaban: Natalie Prosser de Goodall, Roberto (Beto) Brizuela y Luis Sosa, entre otros. En este contexto, la Gobernación Fueguina consideró oportuna la realización de una campaña arqueológica a fin de obtener colecciones que nutrirían el futuro Museo Territorial. En consecuencia, luego de la respuesta positiva por parte de las autoridades, Merenzon propuso a dos arqueólogos de la Universidad de Buenos Aires, Arturo Sala y Luis Orquera, llevar a cabo su organización.

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Aunque no participaría de la excavación propiamente dicha, la dirección general del proyecto recayó en Arturo Sala, quien a partir de un reconocimiento efectuado entre septiembre y diciembre de 1974, seleccionó un yacimiento en una pequeña caleta camino a la Estancia Túnel, unos 12 km al este de Ushuaia. El sitio estaba compuesto por varios montículos de conchal, algunos en avanzado estado de destrucción en gran parte debido a la actividad de los aficionados. El grado de las alteraciones inclinó a Sala y Orquera a concebir la excavación casi a la manera de un “salvataje”, a fin de rescatar algo de información antes que su pérdida fuese irreversible (Figura 1). Estas depredaciones, si bien muy nocivas para la integridad del yacimiento, permitieron reconocer la presencia de materiales de características inéditas, que luego serían definidos como las “puntas subfoliaceas” (Figura 2), características del componente antiguo de este sitio. A su vez, los sectores expuestos por las excavaciones de los aficionados revelaron la existencia de capas superpuestas, lo cual generaba la expectativa de algún grado de antigüedad.

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Habiendo definido donde se realizaría la excavación, el primero de enero de 1975 arribó al antiguo aeropuerto de Ushuaia un equipo conformado por arqueólogos y estudiantes dirigidos por Orquera. La excavación del sitio Lancha Packewaia, se desarrolló por dos meses y señaló el punto de partida del Proyecto Arqueológico Canal Beagle, además de un hito trascendente en la historia de la arqueología fueguina.

Ahora bien, la Ushuaia de hace 40 años apenas podía ser llamada ciudad. Tenía poco más de 6000 habitantes, el área urbana llegaba hasta la zona del presidio y más allá solo se emplazaban algunos establecimientos y unas pocas casas dispersas. La mayoría de las calles eran de tierra y no había grandes supermercados, shoppings, cadenas de frigoríficos, ni grandes ferreterías donde obtener los elementos necesarios para una excavación arqueológica en la cual participaron 26 personas.

La logística implicaba profesores y alumnos viajando en un avión de la Armada, comunicaciones telefónicas y telegráficas entre Buenos Aires y Ushuaia para coordinar detalles y entre estos algunos para nada menores, tales como: alojamiento, comida y los traslados al sitio de personas, equipo y víveres. Respecto del alojamiento, la gobernación fueguina se ocupó de instalar unas cabañas en inmediaciones del propio sitio a fin de albergar al grupo durante la excavación. Se trataba de tres cabañas con dos dormitorios cada una, otra con baños, además de una estructura de las denominadas “medio caño” equipada como cocina. El camino transitable por automóviles llegaba hasta el río Olivia, el cual se cruzaba por medio de un rudimentario puente colgante y se continuaba con una desdibujada senda que llegaba hasta Estancia Túnel. A lo largo de la campaña fue necesario realizar traslados periódicos de víveres frescos e insumos desde la ciudad, por ejemplo las garrafas, que debían ser cargadas a hombro unos seis kilómetros. Sin embargo algunos de estos abastecimientos, entre ellos el transporte del grupo de arqueólogos y el volumen inicial del equipo, fueron realizados por medio de una lancha de la Armada, lo cual derivó en el bautismo del sitio.

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Packewaia es el topónimo de una bahía ubicada en la costa sur de la isla Gable y por esos tiempos una pequeña lancha de la Armada llevaba ese nombre. Esta embarcación era utilizada para diversas actividades en la bahía de Ushuaia, entre estas efectuar el apoyo logístico a la campaña arqueológica. Un día de mediados de enero, luego de una infortunada maniobra, la embarcación chocó con una roca en la costa del sitio lo que le costó la pérdida de su timón. Sin gobernabilidad, la lancha terminó encallada en las inmediaciones y su tripulación, luego de rescatar bitácora, bandera y efectos personales, terminó empapada y albergada de la mejor manera posible por los arqueólogos que presenciaron las peripecias desde la costa (Figura 3). En homenaje a esta embarcación, los investigadores decidieron bautizar el sitio con el nombre de Lancha Packewaia, posteriormente se enteraron de que la denominación yaghan del lugar era Simachi, pero ya era tarde para cambiarla.

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Pese a las dificultades, la campaña se realizó exitosamente y sin mayores inconvenientes, el balance entre las expectativas previas y la información derivada de esta primera excavación quedarán de manifiesto con la publicación a fines de 1977 de “Lancha Packewaia. Arqueología de los Canales Fueguinos”. Las excavaciones permitieron definir dos componentes culturales denominados “Antiguo” y “Reciente”, estableciendo cronologías de alrededor de 4000 años antes del presente para el primero –el doble de la edad aceptada por esa época para las primeras ocupaciones canoeras– y de entre 1500 y 280 años de antigüedad para el más reciente (Figura 4). Asimismo, en este trabajo se presentaron las primeras dataciones radiocarbónicas provenientes de las ocupaciones iníciales de Túnel I, en plena excavación para el momento de publicación de “Lancha Packewaia…”, estirando esta marca temporal hasta el 6to milenio antes del presente.

La excavación de Lancha Packewaia implicó un importante paso hacia interpretaciones arqueológicas fundadas sobre evidencia sólida, obtenida mediante la aplicación de recursos técnico-metodológicos modernos para la época. Para su excavación se aplicaron detalladas técnicas estratigráficas, un registro tridimensional y fotográfico exhaustivo de los hallazgos. También se incorporó al análisis tanto los instrumentos líticos como los restos de talla y restos óseos de la fauna consumida. Es necesario señalar, que si bien hoy día estas prácticas son de aplicación común en la arqueología, ésta fue una de las primeras excavaciones en Argentina en la cual se incorporaron este tipo de criterios. Como fuera resaltado por Orquera y Piana en una reciente entrevista, este trabajo, si bien ampliamente superado en muchos aspectos, significó el punto de partida que permitió formalizar las hipótesis de trabajo que guiaron las investigaciones posteriores.

Al año siguiente comenzarán los trabajos en el sitio Túnel I, emplazado a menos de un kilómetro al este de Lancha Packewaia, que se extenderán a través de ocho campañas hasta 1986. Sobre la base de los resultados obtenidos en Lancha Packewaia y a medida que avanzaba la excavación de Túnel I se fueron articulando los objetivos de un programa de investigación que terminarán desembocando en el Proyecto Arqueológico Canal Beagle y que orientaran las investigaciones regionales hasta nuestros días. Luego vendrán más de una veintena de sitios excavados e innumerables campañas y publicaciones, entre muchos otros trabajos, pero esa es otra historia.

 

Glosario

Estratigrafía: disciplina que que estudia los estratos, su composición natural y cultural, sucesión y clasificación, con el objeto de ordenarlos en una secuencia cronológica.

Resto de talla: cualquier desecho –lascas, esquirlas, etc.– producto de la talla intencional de la piedra.

 

Lectura sugerida

Orquera LA, E Sala, E Piana y A Tapia (1977) Lancha Packewaia: arqueología de los canales fueguinos. Editorial Huemul. Buenos Aires. 248 págs.

Orquera LA y E Piana (1999) Arqueología de la Región del Canal Beagle (Tierra del Fuego, República Argentina). Sociedad Argentina de Antropología, Buenos Aires. 146 págs.

Vázquez M y A Prieto (2014) Búsqueda sin término: breve historia de la arqueología en Tierra del Fuego. Cazadores de mar y tierra. Estudios recientes en arqueología fueguina. Oría J y A Tívoli eds. Editora Cultural Tierra del Fuego y Museo del Fin del Mundo. Ushuaia. Págs. 15-42.

 

 

 

Autor

Martin Vazquez
Martín Vázquez