Campaña geológica a la Sierra Beauvoir

Sebastián J. Cao
(CADIC-CONICET, UNTDF)
sebacao@cadic-conicet.gob.ar
Pablo J. Torres Carbonell
(CADIC-CONICET)
Mauricio González Guillot
(CADIC-CONICET, UNTDF)

A veces los geólogos tenemos que acceder a lugares remotos para realizar nuestro trabajo. Esto se debe, por supuesto, a que los afloramientos (exposiciones de roca en la corteza terrestre) que estudiamos no entienden de fronteras ni de infraestructura vial, y parte de nuestro trabajo consiste en pensar la logística más apropiada para cada objetivo.
Entre el 15 y el 22 de diciembre de 2016 realizamos una campaña a la Sierra Beauvoir, esa imponente cordillera que se observa levantándose en la costa Norte del lago Fagnano.

Nuestro sitio de interés queda ubicado a unos 25 km del camino transitable más cercano. Si bien hemos hecho travesías a pie yendo livianos, esta vez utilizamos caballos para que nos ayuden a llevar el material de campamento y víveres, y poder volver con varios kilos de muestras de roca para análisis de laboratorio.

 

Una parte importante de todo trabajo de campo es elegir bien el sitio de acampe, lo más  plano posible y con suelo seco pero con agua cerca. ¡Ah, y pasto para los caballos! Un bosquecito abierto al lado de un río suele ser un buen lugar.Luego de establecer el campamento y descansar, nos dirigimos hacia la zona de trabajo. El terreno es escarpado y hay que caminar en ascenso con cuidado. ¡Pensar que hace aproximadamente 100 millones de años las rocas que pisamos eran sedimentos en el fondo de un estrecho mar! Buscamos evidencias en las rocas que nos den indicios de cómo el cierre de aquel mar llevó al levantamiento de la cordillera fueguina.

Trabajamos interdisciplinariamente para entender por un lado cómo se deformaron las rocas durante ese cierre, y por otro qué papel juegan las inyecciones de magma asociadas a ese evento. Esto último es muy importante para obtener edades más o menos precisas de los sucesos que han acontecido desde entonces. Para esto tomamos muestras que  contienen minerales con elementos que se desintegran radiactivamente a lo largo de  millones de años. Mediante técnicas de laboratorio se puede estimar la edad de esos minerales, y esto nos ayuda a interpretar la historia de la deformación y evolución de las montañas.

Luego de una semana de trabajo (y más de 70 kg de roca recolectados) cargamos los caballos y volvimos a pie hasta la camioneta. ¡Pero ahí no termina nuestro trabajo! Todavía nos queda mucho por hacer en el laboratorio, estudiando minuciosamente al microscopio la composición mineralógica y las microestructuras de deformación de las muestras, y preparándolas para análisis más específicos en laboratorios extranjeros. Esperamos de esta manera poder entender un poco más de la historia de nuestra cordillera.

SIN ELLOS… ¡DIFÍCIL!

Agradecemos la colaboración de la Sra. Inés Menéndez, quien gentilmente brindó los  caballos para nuestro trabajo. A Adolfo Imbert por el préstamo del equipo para cabalgata y a Francisco Torres Carbonell por su gran ayuda en el campo.

 

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