AUTORA

Noelia Paredes

Noelia Paredes
UNTDF
niparedes@untdf.edu.ar

Las raíces de la mayoría de las plantas terrestres y una gran variedad de hongos están involucrados en una interacción simbiótica mutualista (es decir, dos especies diferentes se asocian para beneficiarse mutuamente) que conocemos con el nombre ‘micorrizas’. Ambas partes se benefician, porque el hongo mejora la toma de nutrientes de la planta hospedadora y, a cambio, recibe el carbono fijado fotosintéticamente por ésta. Como la asociación no es altamente específica y los hongos colonizan simultáneamente las raíces de distintas especies, se generan redes en el suelo que unen a estas plantas a través de los hongos micorrícicos compartidos.
Existen plantas que perdieron la habilidad de realizar la fotosíntesis, no tienen clorofila ni hojas y utilizan esta red subterránea para alimentarse: las ‘plantas micoheterótrofas’.
Estas plantas obtienen el carbono fijado por otras plantas cercanas utilizando al hongo micorrícico compartido como fuente de alimentación. Así, pueden considerarse parásitas indirectas de las plantas con quienes comparten hongos, y, como la relación dista de ser beneficiosa para el hongo, también se las considera “explotadoras” de los hongos micorrícicos. Además, pueden asociarse con otros hongos que obtienen carbono a partir del material orgánico muerto (hongos saprótrofos). Aunque son plantas raras y que no se destacan, este modo de vida está relativamente extendido en las plantas terrestres y evolucionó independientemente muchas veces. Hay más de 500 especies, parcial o totalmente micoheterótrofas, que se encuentran principalmente en los trópicos y creciendo en lugares sombríos y húmedos. La peculiaridad de estas plantas representa un excelente ejemplo de lo sorprendentes, complejos y dinámicos que son los vínculos entre las distintas especies en la naturaleza.