Patrimonio cultural, histórico y arqueológico

Naufragios en la costa Atlántica de

Tierra del Fuego

 

 

Autores

Dolores Elkin
Dolores Elkin
Hugo A Santos
Hugo A Santos

Luego del descubrimiento de una nueva vía que comunicaba al océano Atlántico con el océano Pacífico a través del Cabo de Hornos, realizada por la expedición de los Países Bajos encabezada por Willem Schouten y Jacob Le Maire, en enero de 1616, la región sudeste del Archipiélago Fueguino comenzó a ser mudo testigo de la presencia cada vez más habitual de naves europeas que sólo veían en estas aguas una zona de paso.

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El Cabo de Hornos, con su clima tormentoso, pronto se ganó mala fama por la importante cantidad de naufragios que se producían en sus turbulentas aguas. Pero la vía “limpia” que significaba, frente al tortuoso zigzagueo entre islas e islotes dentro del intrincado Estrecho de Magallanes, hizo de él una ruta obligada si se quería cruzar rápidamente de un océano a otro.

A medida que avanzaban los siglos, el Cabo de Hornos se hizo un paso muy transitado, con lo cual también creció el número de naufragios, que se producían no sólo en sus inmediaciones, sino también en las áreas de acercamiento, como la Isla de los Estados y la Costa Atlántica de la Isla Grande de Tierra del Fuego.

Preservación del Patrimonio Cultural

Esta acción es de vital importancia para toda comunidad que desee conservar los objetos que permiten reconstruir su pasado y que quiera crear sentido de pertenencia, no obstante, la iniciativa de preservar suele ser posterior a algún acontecimiento que afecta a los bienes a proteger. Los numerosos restos de naufragios que se encuentran en la costa atlántica de la Isla Grande de Tierra del Fuego son parte de este patrimonio y una alarma la dio el intento de un particular de apropiarse de la cabeza del mascarón de proa del navío Duchess of Albany, hecho ocurrido en 1969.

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Recién a mediados de los 70, la protección del Patrimonio Cultural se vio concretada en una serie de iniciativas legales y prácticas, que permitieron impedir su extracción ilegal y depredadora, y luego iniciar el rescate del mismo. El impulso inicial partió de la Asociación HANIS y la concreción por el Museo Territorial, que dirigido por Oscar Zanola, inició su actividad en 1979.

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Se organizaron una serie de expediciones durante los años 80, la mayoría del Museo Territorial, que permitieron rescatar varios objetos, de los cuales algunos se transformaron en emblemáticos, como el mascarón de proa del navío Duchess of Albany y un cañón atribuido a la fragata Purísima Concepción, exhibidos en el hoy denominado Museo del Fin del Mundo.

Estos viajes dejaron documentos, croquis y fotografías, que constituyen un acervo importantísimo para nuestra Provincia. Base de futuras investigaciones que permitirían ampliar el conocimiento, tarea que no concluyó.

El Programa Arqueológico de la Costa Atlántica (PACA) encaró un exhaustivo relevamiento del área, utilizando como insumo la información que procede de esas expediciones pioneras, y una renovada tarea de rescate de dicho patrimonio, ahora contando con profesionales más especializados y con experiencia acumulada en distintas investigaciones afines, en un contexto de avance tecnológico, que permite contar con instrumental más preciso y eficiente.

El PACA permitió durante cuatro temporadas, y focalizando el trabajo en península Mitre, que el equipo de arqueología subacuática del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano realizara una búsqueda sistemática de restos de naufragios. Los hallazgos fueron documentados en su lugar y en ocasiones se tomaron muestras de los materiales que los componen a fin de realizar análisis que ayuden a conocer su procedencia y el período cronológico al cual pertenecen. El tipo de madera, por ejemplo, puede asociarse con determinada zona geográfica, y el tipo de aleación de un metal puede vincularse a la época a partir de la cual fue patentado o comenzó a utilizarse.

Hasta ahora no se realizaron buceos ya que la amplia franja costera marina contiene suficientes elementos para iniciar la investigación. En el sustrato rocoso, que se descubre con marea baja, y entre los guijarros de la playa pueden encontrarse cientos de artefactos, en su mayoría partes desarticuladas de embarcaciones de madera y de metal-, pero también elementos de cerámica y vidrio que habrían constituido elementos personales o parte del equipamiento. A veces, incluso, las tormentas y mareas extraordinarias depositan, en sectores bastante alejados del agua, materiales hoy semienterrados en la turba o camuflados entre la vegetación.

Algunos de estos restos son pequeños y otros, como lo que queda del Duchess of Albany (o simplemente “Duquesa”), consisten en gran parte del casco. Algunos están aislados y dispersos y otros están concentrados. Algunos son “humildes”, como los trozos de carbón que eran transportados como cargamento o alimentaban las calderas de los vapores, y otros son más llamativos, como las imponentes anclas de las naves más grandes. Lo importante es que todos ellos nos hablan de la historia de la navegación en el archipiélago fueguino, pero más que nada, de los valientes hombres y mujeres que se aventuraban en sus aguas.