¿QUIÉN ES? HERNÁN J. VIDAL (1957-1998)

Un antropólogo que atravesó fronteras

AUTORES

cgerrard@untdf.edu.ar

Cecilia Gerard
Mariela Eva Rodríguez
Magdalena Vidal
Valentín Vidal

 

 

El archipiélago fueguino despertó los intereses de Hernán Vidal; un joven oriundo de Olivos (Vicente López) que se radicó en Ushuaia en 1983, cuando finalizaba su licenciatura en la UBA, transitada en medio de la oscuridad de la última dictadura militar. Allí conoció a Silvia, su compañera, y unos años más tarde nacieron sus hijos Magdalena y Valentín.
Desde el Museo Territorial, realizó las primeras expediciones arqueológicas a Península Mitre (especialmente a bahía Valentín) y pese a su corta aunque prolífica carrera llegó a convertirse en un pionero en los estudios sobre identidades y fronteras en la región. Hernán hizo estallar las barreras internas de la antropología trazando un itinerario que, incluso hoy, continúa siendo peculiar en el contexto nacional, dado que todavía no existen puentes lo suficientemente sólidos entre la arqueología dominante –a la que consideraba demasiado próxima a los métodos y técnicas de las ciencias naturales-exactas– y la antropología social, que suele mantenerse ajena a los procesos de larga duración. Sus estudios de posgrado en Ecuador y Estados Unidos le permitieron profundizar estas relaciones y producir interpretaciones novedosas para la Patagonia.
En la tesis de maestría, que defendió con honores en 1993 en Quito, analizó monumentos, nombres de calles y el espacio del museo para comprender cómo se generan y mantienen las desigualdades sociales. Sostuvo que los indígenas y los chilotes ocupan posiciones marmarginales pero complementarias:
los primeros son percibidos como “un pasado sin presente” y los segundos como “un presente sin pasado”. Es decir, según explica, los chilotes habrían sucedido a los indígenas “como grupo sometido a las formas más violentas de explotación económica y, paralelamente, de discriminación social y cultural” (1993: 60).
Sostenía que la historia y la etnología sentaron la idea de que los indígenas de Tierra del Fuego “desaparecieron” –o que, en su defecto, se volvieron “paisanos”– y la arqueología terminó de volverlos invisibles, ubicándolos en la “prehistoria”.
Así, mediante reflexiones críticas que involucraron a su propia disciplina, concluyó que
fueron reemplazados simbólicamente por objetos extraídos de los yacimientos arqueológicos, clasificados según su función y exhibidos en el museo; proceso al que refirió como arqueologización.
En sus últimos años profun-dizó en el estudio de las fronteras, a través de las cuales circulan bienes, personas y símbolos; espacios que separan pero que también unen generando identidades compartidas. Se instaló entonces junto a su familia en Puerto Natales (Chile) para estudiar las relaciones sociales en la cuenca carbonífera de Río Turbio (Argentina), en la que muchos de los mineros son migrantes de la vecina localidad chilena. Allí su etnografía se volvió denuncia; una experiencia transformadora
tanto para sus interlocutores en el trabajo de campo como para sus colegas. Hernán no sólo atravesó fronteras estatales, epistemológicas y simbólicas, sino que se instaló en ellas. En su trayectoria, éstas se volvieron metáfora; un espacio desde el cual pensar y cuestionar al statu quo. Patagónico por adopción, polémico, rebelde, inteligente, comprometido y apasionado son algunos de los calificativos que suelen usar quienes lo conocieron. Otros recuerdan su modo campechano y trato amable, que convertían los diálogos de la vida cotidiana –sin distinción de clases sociales ni méritos académicos– en instancias de aprendizaje y reflexión. En cualquier caso su existencia no pasó desapercibida, incluso entre aquellos que no quisieron –o no pudieron– dejarse atravesar por su energía vital, tal vez arrolladora. Paradójicamente, ese paso cordillerano entre ambos países fue testigo de su último viaje en 1998. Dos décadas más tarde, sus escritos tienen el poder de interpelar a quienes aceptan el desafío de recorrerlos, en tanto que su voz continúa susurrando entre los monumentos, los nombres de las calles, los museos, las minas de carbón, los reclamos salariales y los rumores sobre brujería.

 

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